jueves, 2 de julio de 2015

La Plaza de Candelaria

Con motivo al aniversario #448 de la Fundación de nuestra amada ciudad, he querido traer al blog una serie de crónicas (que he transcrito a lo largo de estos años ),  que lamentablemente están en el olvido. Me he propuesto recuperar material publicado- dado el estado de deterioro en que se encuentran - en revistas, libros, prensa de época.
En la presente ocasión, el cronista de esta hermosa reseña es Don Antonio Reyes, quién mensualmente durante los años 40, realizó un bello trabajo para la Revista  "El Farol".
Espero la disfruten y sea de utilidad. 

MF

La Plaza de Candelaria.

“Hacia el este de Caracas, a la izquierda de la avenida principal, se encuentra uno de los barrios más populosos y añejos de que puede ufanarse esta urbe. Su pasado es remoto y puede situarse en los primeros tiempos de la conquista. De  la parte Norte, la capital se extendió hacia el punto cardinal donde el sol nace todos los días,  y pronto el hospitalario  aledaño vióse  poblado de pequeñas  y rústicas viviendas. 

Comenzaba a formarse una raza: el cruce del hispano, con el indio y también con el negro iniciaba asimismo  la elaboración de lo típico en lo racial y en la costumbre. La base- el elemento fundamental étnico proveniente del viejo mundo  lo constituía  la región extremeña. Fueron, en su gran mayoría, hijos de esa provincia  española los que prestaron mayor interés  al dominio y colonización de estas tierras.  Mas la imigración [sic]  que se situara en la mencionada porción caraqueña arrancada del mismo seno del Atlántico europeo. Y al subrayar esa expresión, queremos indicar la condición  de una Isla Occidental: La Gran Canaria. De allí vinieron igualmente pobladores para la Capitanía General de Venezuela. Sólo que los citados isleños no ostentaban casi nunca calidad de Capitanes, Encomenderos, Intendentes o Gobernadores territoriales. Eran particularmente trabajadores (simples obreros agrícolas o pecuarios) los descendientes  de los casi mitológicos  gigantes de la Atlántida, (de esos famosos guanches anteriores a la Conquista de Europa) los mismos que se aventuraron en busca de la ofuscante riqueza de la América recién descubierta. Y vinieron en son de trabajo armados en lo exclusivo de su buena fe y de extraordinaria fortaleza física…. Y para sede buscaron en Caracas un sitio apropiado y la Virgen, patrona de esas Canarias – donde el trabajo es casi un rito- fue entronizada en el barrio elegido: Candelaria. 

La historia de Candelaria es pues remota y como tal tiene carácter típico.  En sus calles y en sus antiguos  paseos se sorprende el sello inconfundible de las edificaciones de esa época; época  fácil de reconstruir, gracias a los dibujos que guardan los Museos Municipales de Las Palmas.  Y es que Candelaria tiene aspectos verdaderamente singulares! Existe en algunos parajes, no modernizados, de esa parroquia una modalidad especial en la construcción de las viviendas, traducidas en la colocación de los techos con una inclinación exagerada.  El arco también parece, en ocasiones, con relieves  e incrustaciones en el centro y el barroco proverbial en Extremadura, Castilla y parte de Andalucía no tiene nunca sitio en el adorno. La rememoración isleña aparece así bien acusada. La Iglesia; la muy caraqueña iglesia consagrada al culto de La Candelaria no puede esconder el extraño concepto  artístico de quien la edificara. Es bien sabido que se trata de un templo relativamente moderno.  Pero tampoco debe olvidarse que allí existió una Capilla durante muchos años y que esa fue aprovechada en algunas de sus partes frontales. El inexplicable martillo que la iglesia forma con la calle que la circunda, en la parte sur, destaca la contradicción anotada. Sin embargo y  a pesar de los defectos anotados, el templo logra interesar al paseante observador. Y el interés aumenta al contemplar la plaza que exorna el caprichoso cromo de las casas adyacentes. Plaza cuadrangular, posiblemente sin mayores bellezas artísticas y sin relieve en lujos deslumbradores. Se trata de una plaza sencilla  que ostenta poco pero sugiere mucho.  La Estatua del General José Gregorio Monagas, libertador de los esclavos el 24 de marzo de 1854, se yergue entre la laxitud de sus jardines muchas veces marchitos. El monumento transcribe muy poca humanidad.  Quizá no acertó el escultor en su labor.  Se nota falta de vida y carencia de expresión adecuada. Más, a pesar de ello, clasifica una página  de nuestras convulsiones internas: El empeño venezolano de buscar ansiosamente  el principio de una conciencia  humanitaria. Aquella que pretende siempre, lograr a toda costa, la identidad de todos los hombres y todas las razas. 

Y hasta aquí Candelaria  y con ella algo de su historia y de su tradición."

Pintoresco y Colonial aspecto de las calles
adyacentes  a la Plaza 

Estatua del General José Gregorio Monagas 



  

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