jueves, 7 de marzo de 2013

Un gran fotógrafo caraqueño




Pedro Ignacio Manrique Arvelo- Manrique, para todo el mundo

Cuando la habilidad comercial de los norteamericanos introdujo en Venezuela esa maravilla de cámara fotográfica y la bautizaron con el nombre del Bolívar  - seguramente para crearle más ambiente entre los nativos de un pintoresco País de South América – un caraqueño de treinta años de edad y con trece de actividad fotográfica viajaba por Europa en plan de acumular todo tipo de experiencias en la novedosa  profesión  que había escogido desde la adolescencia.

Era Pedro Ignacio Manrique de Lara y Arvelo. Un nieto del Dr. Carlos Arvelo, médico de las tropas  de El Libertador, cuyo nombre lleva hoy el Hospital Militar de Caracas. 

Manrique – un hombre que llenará medio siglo de la fotografía en Venezuela- nace el  5 de octubre de 1863, en la Parroquia Santa Rosalía. Un lustro antes del húngaro Rosti ha fotografiado el paisaje venezolano y el alemán Lessmann ha captado los más interesantes edificios y sitios caraqueños. 

Desde niño, con alma de artista, contemplativo y a la vez habilidoso, Pedro Ignacio dibuja constantemente, hace y eleva fantásticos papagayos. Apenas tiene 7 años cuando le publican unos versos – pueril fotografía poética del mar – en una hojita literaria de Maiquetía. Por el camino del dibujo y la pintura, como sus antecesores, el joven Manrique llegará con buen gusto a los estudios, experiencias e inspiraciones fotográficas. Es decir que a los 17 años de edad, en 1880, veteranos como el viejo Lessmann y Próspero rey y un joven de 25 Lessmann hijo, observan los afanes y adelantos de Pedro Ignacio Manrique. Este joven alternaba sus estudios de bachillerato con los de dibujo y pintura, bajo la dirección de José Manuel Maucó, quién fue maestro de Cristóbal Rojas. Luego siguió los de fotografía bajo la singular maestría de un fotógrafo de origen inglés, T.A. Gray, que se había establecido en Caracas y logrado fama por haber escrito una obra sobre el arte fotográfico.
Al dorso de sus trabajos, mister Gray destacaba su logotipo bajo este rubro :” Cosmopolitano, Caracas”. Y esta advertencia: “El negativo se conserva en este establecimiento para lo que se ofrezca”. Así por ejemplo, aparece una foto que el tomó el 1º de abril de 1877, a Humberto Briceño y éste dedicó al general federalista Vicente Flores. ( por cierto que el joven Manrique heredó la clientela de Gray, pues en 1894-por ejemplo- cuando estaba asociado con Guillermo S. Gil y estableció en el  número 26 de la cuadra de Camejo a Santa Teresa retrata a la señorita Ana María Pérez, el 9 de enero para que ésta dedique la fotografía a una nuera del general Flores, a la señora Ana Cordero de Flores, la madre del notable humorista venezolano Ángel María Flores Cordero).

Nieto y biógrafo de Pedro Ignacio Manrique, el doctor Pedro j. Manrique Lander nos cuenta que Gray quedó fascinado “con la capacidad y la creatividad de su joven discípulo” y le propuso asociarse para establecer un taller el Chicago, donde ya se vislumbraba un mayor avance en la fotografía” . Pero que el “proyecto no llegó a cristalizar por la repentina muerte de Gray”.

Como se expuso, Manrique heredó clientela caraqueña de Gray, lo que se constata por la repetición de apellidos  de los fotografiados y las dedicatorias de fotos centenarias que reposan en las colecciones de la Coroteca. Bien sabido que una firme costumbre caraqueña consistía en la fidelidad   a determinada botica, panadería o a determinado barbero que entonces a la vez era dentista y a la lavandería cuando las establecieron los hijos del celeste imperio, tanto que era frecuente escuchar esta expresión:
 - Cuando  venga mi chino, por favor le entrega estas camisas”! 
Naturalmente, de esta invariable costumbre no se iban a escapar los fotógrafos, y mucho menos los de evidente calidad o especial preferencia.  

A raíz de la muerte de Gray, Manrique se asocia con un fotógrafo de origen italiano, Juan Bautista Pinottini, con quien hizo un recorrido por las capitales y poblaciones de los estados Miranda y Aragua. 
Fotos corototéticas firmadas por la sociedad Manrique y Pinottini y fechada por quienes posaron revelan que en los meses de julio y agosto de 1882 habían establecido en la capital aragüeña, entonces La Victoria, en la calle Principal de esta ciudad, es decir la Rivas Dávila, en la casa que para aquella época pertenecía a don Vicente González.  

En ese entonces el fotógrafo perseguía "afanosamente los cambios de luz, los caprichosos juegos de sombra y luz sobre las copas de los frondosos samanes, sobre las delicadas espigas de la caña" (Manrique Lander, 1981, p. 60). 

Después de retratar personalidades, el inquieto joven Manrique regresa a Caracas por motivos familiares. Entra en sociedad entonces con un veterano militar y literato, el general Pedro Arismendi Brito, de tantas vinculaciones y de tanta importancia política que llegó a ser candidato a la presidencia de la república en las elecciones de 1897, cuando el pretendiente más popular a la silla era el Mocho Hernández, el candidato oficial era el general Andrade, al muy devoto doctor Rojas paúl lo apoyaba el Clero, el doctor Juan Francisco Carrillo tenía fama de buen mozo o bien parecido y el poeta era Arismendi Brito. Por todo ello, la chispa popular dijo que eran los candidatos de las masas, de las misas, de las mozas y de las musas.  Otro detalle anecdótico del socio fotográfico de Manrique es el muy famoso cuando inquirió de su profesor Juan Vicente González, opinión sobre su drama “Boves”
-¿ Maestro, ¿qué le ha parecido?
-¡Es el Boves de los dramas!

De esta sociedad  con el veterano e ilustre general Arismendi Brito, el joven Manrique se impuso en Caracas. Dice su nieto en la obra “Un artista de ayer” que progresó rápidamente adquiriendo fama y beneficios económicos. 
Candidatos a la Presidencia en 1897

Pero de nuevo la fatalidad venía a romper una exitosa asociación. Una pertinaz bronquitis asmatiforme lo obligó a radicarse por un tiempo en tierras más cálidas y  vecinas al mar. Viajó así al oriente del País: Barcelona, Cumaná y Carúpano, donde su exquisito trato y natural galantería le granjearon numerosos amigos. Durante ese peregrinar se asoció con el pintor y fotógrafo Guillermo S. Gil, por lo que las fotos de esa época aparecen firmadas por Manrique y Gil”. 

Los socios Manrique y Pinottini en 1882, en su estudio
de la importante población aragueña de la Victoria 

De regreso en Caracas Manrique contrae matrimonio con Julia Carmen Arvelo Palenzuela y establece su taller con Gil en el número 26 de Camejo a Santa Teresa donde funcionará después la Fotografía Manrique y Cía., hasta junio de 1911, cuando se muda de Gradillas a Sociedad.


Una Fama Sostenida en Dos Siglos

De sus viajes trajo a su archifamoso estudio M   “Manrique & Compañía ”, los mejores equipos, a los cuales sacó partido con las más novedosas ideas y sistemas junto con sus discípulos y colaboradores, que luego se establecieron por su propia cuenta con los conocimientos adquiridos. Entre estos hubo fotógrafos de gran categoría como Marcelino Ramírez, Luís Talavera Soto, Carlos y Miguel Ángel Balda – padre y tío respectivamente de un notable fotógrafo de prensa- Carlos Balda, que inició en 1940-, Manuel Baralt, Oscar O´Brien, Miguel Pietri y su propio hijo Pedro Manrique,  quienes en el curso de los años dejarían para la historia de Caracas y de Venezuela las poses de generaciones e invalorables testimonios de arte, modas, costumbres de cada época.

Pedro Ignacio Manrique Arvelo- Manrique, para todo el mundo- en sus últimos años intensificó sus afanes literarios e hizo algunas publicaciones, mientras encargaba del estudio a su hijo, quién mantuvo tan acreditado el establecimiento en brillante actividad  hasta 1937, cuando pasó a ocupar el cargo de fotógrafo oficial en el palacio de Miraflores. Allí en 1941 con motivo de la recepción del Presidente Medina Angarita dio a los campeones mundiales de beisbol amateur que conquistaron tal galardón en La Habana, Manrique hijo posó con sus colegas Emilio Ugueto, Francisco Edmundo “Gordo Pérez” y Juan Avilán ante el lente de otro notable fotógrafo caraqueño: Jaime Albánez.

A partir del 15 de agosto de 1908 colabora con El Cojo Ilustrado con retratos de sociedad y de artistas. El gobierno de Juan Vicente Gómez lo comisionó en 1911 para realizar los registros de las conmemoraciones del primer centenario de la Independencia. Colaboró con la revista Actualidades (1917) y con Billiken (1919) enviando fotos de viejas haciendas e ingenios, sitios históricos y casas solariegas caraqueñas. "Retratarse con Manrique significaba además motivo de distinción y privilegio social" (Con la fuerza y verdad de la luz de los cielos, p. 25). El fotógrafo utilizaba cándidas pinturas con "datileros lejanos y jardines de inusual imaginación esplendorosa" (ibídem, p. 9). Además de funcionar como taller, la Fotografía Manrique servía de sala de exposiciones. Fue allí donde muchos pintores del Círculo de Bellas Artes mostraron sus obras por primera vez. A partir de 1908 Manrique trabajó el tema femenino, con alegorías y figuras místicas, como Mater dolorosa (El Cojo Ilustrado, 15 de octubre de 1908) o La Magdalena de Guido Reni (El Cojo Ilustrado, 18 de noviembre de 1908). En sus alegorías, las ueñas se fotografiaban como musas griegas (El Cojo Ilustrado, 1 de octubre de 1911). En esa misma ocasión publicó uno de los primeros desnudos masculinos de la fotografía venezolana, Apolo. En 1910 ofrecía retratos al platino mate, color sepia (El Universal, 11 de diciembre de 1910), y a finales de 1911, retratos nouveauté tono sepia y ampliaciones fotográficas hasta tamaño natural en papel Artura (El Universal, 11 de diciembre de 1911). En 1912 recibió un premio de El Cojo Ilustrado con un retrato del niño Félix María Martínez Espino caracterizando a Virgilio (El Cojo Ilustrado, 1 de agosto de 1912), así como reconocimientos en certámenes en Viena, Londres y París con fotos de carácter pictórico de gran tamaño, 93 x 63 cm, como El descanso de la indigencia (colección Pedro J. Manrique), plata en gelatina iluminada con carboncillo. Manrique fue el primero en ensayar la fotografía a color, apenas tres meses después de su invención en Francia, ofrecía retratos ilustrados, multifotografía y fotograbados en seda. En su taller se formaron fotógrafos como Manuel Baralt, Óscar O'Brien y Miguel Pietri, y entre sus impresores se encontraba Luis Talavera Soto, "el mejor de su época", según Lucas Manzano (1961, p. 15).





Recordemos que  los años veinte del siglo precedente, Manrique- contó con una extraordinaria trayectoria en el oficio. Y, por esa década, surgidas las revistas - como “Billiken” – destinadas a sectores sociales de mayor poder adquisitivo, cuenta con una buena oportunidad comercial que dejará testimonio de lo que los historiadores tratan como una transición de la economía fundada en la exportación de café a otra, en la exportación petrolera.

** Por último hemos encontrado en  un capítulo en el que Mariano Picón-Salas pasea por la poesía venezolana de 1880 a 1940, expresa:

“… Los poetas de hoy, deportistas y cabriolantes, no saben lo que fue el culto al poeta en la Venezuela de treinta o cuarenta años atrás, cuando los diarios de la capital tenían columnas permanentes para publicar los cotidianos sonetos y la Fotografía Manrique – que por sí sola constituye un capítulo de la historia social venezolana – lanzaba, para que las coleccionaran las niñas de la provincia, la ‘vera efigie’ de esos vates despeinados y ardorosos” **

esta  imagen del estudio de Manrique no las ha hecho llegar Gustavo Olmeta
Don Arturo Olmeta 



Fuente e imágenes : Venezuela Siglo XIX en fotografía de Carlos Eduardo Misle ( Caremis) 
Imágenes Revista Billiken
**La cita, tomada de “Comprensión de Venezuela” (1949),  convierte a nuestro fotógrafo nada más y nada menos que un historiador social del país, a la vez que habla de los suspiros de aquellas jovencitas que tardíamente recibían las revistas de la capital, coleccionándolas, como las crónicas revelan que hicieron las caraqueñas de la época. Por supuesto, no había internet ni la profusión de impresos que revelaran con facilidad, en casa, esos rostros de rebelde cabellera y ardor.


5 comentarios:

  1. muy agradable de leer, no contiene lo que yo busco pero es interesante.

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  2. buen dia ... me llamo gustavo olmeta y tengo una fotografia de mi abuelo paterno ... que en la parte de abajo lado derecho dice " manrique cia caracas.av.sur.n°26"... si esta fotografia fue tomada por el señor manrique quisiera compartirla con ustedes: mi correo para que me contacten: musicasiglo20@gmail.com

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  3. La lectura es difícil con el fondo negro. Interesante y bien documentada la reseña. Me interesa conocer detalles de la vida del Guerra Toro.

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  4. Hola. Interesante esta breve referencia histórica de fotógrafos y datos históricios sobre fotografía. Conservo una bella foto tomada por MIguel Angel Balda, tío de Carlos Balda. Deseo saber mas de Miguel Angel Balda. Soy Gabino Matos, crítico de arte

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  5. Hola. Interesante esta breve referencia histórica de fotógrafos y datos históricios sobre fotografía. Conservo una bella foto tomada por MIguel Angel Balda, tío de Carlos Balda. Deseo saber mas de Miguel Angel Balda. Soy Gabino Matos, crítico de arte

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